Capítulo 2: Viva De Nuevo...

Su boca chocó contra la mía, abro los ojos un momento por la sorpresa, pero todo cambia cuando siento como me besa, como se mueve con urgencia, con una pasión que hace tiempo que no he sentido, el beso fue lento, tímido, pero poco a poco se transforma en fuego que me quema por dentro.

Me aferro a él, mis dedos se hunden en su denso cabello negro, mis uñas se clavan en su espalda, me hace dar un paso atrás, hasta que caigo en el sillón, Casanova no sé aparta, pero si sus labios de los míos, que besan mi barbilla, siguen por mi cuello, dando pequeñas mordidas, dejo salir un pequeño gemido al tiempo que siento su otra mano subir por mi pierna, la acaricia, la aprieta y esta por llegar a mi feminidad, lo aparto con miedo, al recordar donde estamos…

—No, esto no esta bien —digo con la voz entre cortada, mi pecho sube y baja rápido, mientras acomodo la falda de mi vestido —está prohibido…

—Si, pero no puedo evitarlo —responde Casanova mirándome a los ojos, al tiempo que su mano acaricia mi rostro, su labio pulgar recorre mi labio inferior —tú has despertado mi deseo…

Sus labios sellaron los míos con una pasión que nunca había sentido, abrí la boca entregándome a él, sus besos como lava hirviendo volvieron a mi cuello, pero esta vez no se detuvo ahí, siguieron hasta en medio de mis pechos, solté un gemido al sentir su lengua sobre mi piel.

—Shhh —susurro —nos puedes oír… —continuo, beso mis pechos sobre la tela del vestido, mi feminidad se humedeció de solo verlo e imaginar como sería sentirlo sobre su piel.

—Seguramente has roto muchas veces las reglas del Club —murmure, él se detuvo y levantó la cara para verme a los ojos

—No, ninguna mujer había hecho que rompiera con mi regla —dijo con sinceridad —¿Cómo te llamas?

—Samantha —solté con una sonrisa.

—Hermoso nombre Samantha —su dedo pulgar acaricio mi labio inferior —¿quieres seguir festejando tu cumpleaños? —no dude en afirmar —entonces hagámoslo, pero no aquí…

Salí del privado intentando que Camila no notara el carmesí de mi rostro, solo llegué a la mesa y tomé mi bolsa.

—Me tengo que ir —dije solamente al momento que pase junto a ella, no espere respuesta, sabía que si me quedaba iba a interrogarme y terminaría diciéndole lo que podía vivir esta noche.

Salí del club, subo al auto, arranco y me estaciono unas cuadras, por el espejo retrovisor veo mis mejillas rojas, mis labios los acaricio, sintiendo aun los labios de él, dejó salir una pequeña carcajada de incredulidad, no puedo creer que un hombre más joven me desee.

De entre las sombras de la noche lo veo venir, enciendo las luces para que note cual es mi auto, sube de inmediato un poco agitado.

—Podemos irnos —dice con una sonrisa, yo enciendo el auto, pero no tengo ni idea a donde ir.

Casanova me guía hasta un hotel, al entrar, el va a recepción a pedir la habitación, mientras me deja con mis pensamientos, no sé si estoy haciendo lo correcto. Pero las dudas desaparecen cuando lo veo venir, toma mi mano llevándome a la habitación.

El lugar es perfecto, lo miró con el corazón latiendo, no ha dejado de latir como un loco desde que salí del club. Escuchó que cierra la puerta, mis manos comienzan a sudar de solo imaginar lo que pasara.

Casanova rodea mi cintura con su brazo derecho, su mano izquierda aparta mi cabello dejando mi cuello expuesto para él, sus labios rozan mi piel, no puedo evitar cerrar los ojos disfrutando de la sutil caricia.

—Dime Emilio —susurra en mi oído, yo frunzo el ceño, no pensé que me diría su nombre —estás temblando, no me digas que eres…

Niego con la cabeza, giró mi rostro para verlo.

—No, solo que tengo un tiempo sin estar con un hombre —confieso, él me regala una sonrisa seductora.

—Sam, olvida todo, solo disfruta —escuchar mi nombre en su boca me emociona —disfrutemos de nosotros…

Me hace girar para quedar de frente a él, con sus dos manos toma mi rostro, sus labios me toman, en un beso embriagador, solo deja una mano sobre mi rostro mientras la otra rodea mi cintura apretándome a él.

Me guía a la cama, sin dejar de besarme, antes de subir siento como sus dedos bajan el cierre del vestido, lo baja lentamente, sus labios bajan por mi cuello, sus dedos retiran el tirante de mi vestido al tiempo que siento una suave caricia con sus besos.

—¿Qué podría gustarte de mí? —suelta mi inseguridad, mi miedo a que termine rechazando —soy una mujer mayor, y tú….

Mis palabras quedan silenciadas por un nuevo beso intenso, siento las yemas de sus dedos recorrer mi hombro, apartando el otro tirante.

—Si no te deseara, no estaría aquí —murmura sobre mis labios —desde que te vi despertaste algo en mí…

Su rostro bajo a mi hombro que acaba de quedar descubierto, lo roza con sus labios, provocando más necesidad en mí, mi respiración comienza a volverse irregular. Mi vestido cae a mis pies, Emilio hace una lenta caricia rozando mi cuello hasta llegar a mi pecho izquierdo, se detuvo allí apartó mi sostén dejándolos expuestos.

Su contacto fue leve como una pluma, la tomarme el pecho con los cinco dedos, los deslizo hacía el pezón, cerrándose sobre de este y dándole un ligero apretón, volvió hacerlo una y otra vez hasta que sintió sus labios repitiendo la misma caricia.

—Emilio, por favor —sentí como sonrió, torturo un poco más mi pecho.

No pude quedarme quieta, mis manos se metieron por debajo de su playera, recorriendo su piel caliente.

—Si, cariño, tócame —susurró Emilio con voz gruesa, obedecí, su espalda erar firme, fuerte, quité la playera dejándolo desnudo para mí. Lo observe con entusiasmo mordiéndome el labio —sé que quieres besarlo, hazlo Sam.

Primero mis manos acariciaron su torso, y poco a poco me incline parra besar su piel, estaba ebria de pasión, al llegar a su tetilla la mordisque, mi lengua la rozo, Emilio gimió roncamente, escucharlo me hizo más valiente, mis manos bajaron hasta sus pantalones y los desabroche, los baje dejando expuesta su masculinidad lista para mí.

—Vamos lento, quiero que disfrutes tu regalo —dicho eso me tomo en brazos, acorto la distancia de la cama y me dejó con cuidado, se unió a mi cubriéndome con su calor, sus besos comenzaron a recorrer mi piel, despertando las emociones que habían permanecido dormidas.

Sus manos no se quedaron atrás, calientes y fuertes me acariciaron, llegando a mi feminidad, con suavidad aparto la última prenda, dejándome completamente desnuda para él, se detuvo un momento mirándome, yo por inercia me cubrí con las manos, pero él las aparto con dulzura y ternura.

—No te avergüences —su voz era ronca —eres hermosa —vi sus ojos, en ellos solo encontré admiración, deseo —¿quieres que me detenga?

—No…—dije apenas, él sonrió.

Emilio no me beso, ni me toco, sentí su respiración recorrer mi cuerpo, llegó hasta mis pies y comenzó a besarlos, subió lentamente abriéndome para él, sus labios acariciaron la parte interna de mis muslos, hasta que llegó a mi feminidad que palpitaba de deseo por él.

Sus dedos separaron mis labios, sentí su lengua pasar sobre mi clítoris, comenzó a chupar, mordisquear, era tan placentero que no quería que se detuviera, mi mano fue a su cabeza, su lengua acaricio allí, la beso, aumentando las sensaciones que Emilio estaba despertando, cada beso, cada paso de su lengua eran insoportable, mi garganta dejó escapar gritos de placer, mi cuerpo se arqueo pidiendo más.

—Más, por favor… oh Dios… ¡BASTA! No puedo soportarlo más… —el orgasmo llegó como una explosión que recorrió todo mi cuerpo, me sentí sobre una suave nube en el cielo.

Los labios de Emilio me hicieron regresar al sentir como subía por mi vientre, dejando pequeños besos sobre mi piel, siento entrar uno de sus dedos donde hacía veinte años nadie tocaba, no pude evitar sollozar de placer.

Llegó hasta mis labios, los tomo al igual que sus manos tomaron las mías y las subieron arriba de mi cabeza, me instó a que separa un poco más las piernas, tan pronto lo hice, sentí como me penetro. Grite al sentirlo tan grande, se quedo un momento quieto.

—Mírame —ordeno, obedecí encontrándome con su mirada cargada de pasión —mírame Sam, eres tan hermosa —dicho eso comenzó a moverse, deslizándose completamente fuera de mí, para penetrarme con increíble lentitud.

—Quiero tocarte —murmure con un suspiro, Emilio sonrió y soltó mis manos, la lleva a su espalda, lo acaricie de arriba abajo, sin dejar de verlo a los ojos, el siguió moviéndose con mayor fuerza, entro una y otra vez, y cada que lo sentía más profundo mis uñas se clavaban en su piel.

Sentí como mi cuerpo estaba preparado para una nueva explosión de placer, me abracé fuerte a él al tiempo sentí el clímax llegar con un grito liberador.

Poco después sentí como él llegaba, dejó caer su cabeza en mi cuello, por inercia llevó mi mano a su cabello lo acaricio, su espalda tiembla, sus labios no dejan de besar mi hombro mi cuello.

Yo sonrió llena de satisfacción, fue el mejor sexo de mi vida, deseo que esto que ha comenzado no termine pronto, deseo volver estar en los brazos de Emilio.

—¿Qué me diste? que quiero más de ti —murmura sobre mis labios y me limitó a levantar los hombros, ni yo misma se la respuesta.

—No lo sé, pero no quiero que termine esta noche —digo mirando sus labios que se acercan a reclamar los míos.

—Entonces hagamos que sea larga y que sean muchas más…

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP