Capítulo 4: No es Sugar Mommy...

PVO Emilio

Me acomodo el cabello, al hacerlo el brillo del reloj llama mi atención, es elegante y perfecto en mi muñeca.

Me quedo mirándolo con detenimiento, nunca imaginé que duraría estos meses con Sam, suelto un suspiro, seis meses, no supe en qué momento dejo de ser pasajero.

Todo comenzó por el deseo que despertó, verla ahí en el escenario, tan hermosa, madura, fácil para que no hubiera drama. Pero no contaba que cada encuentro, me volvería adicto a ella, cuando no está conmigo deseo que el tiempo avance más rápido, y cuando la tengo, lo único que quiero es que se detenga, para que no llegue la hora de dejarla ir.

Muevo la cabeza para olvidarla, tomo mi mochila para ir al club, antes que pueda abrir la puerta del departamento, está se abre y me encuentro de frente a Vincent,

—¿Ya vas al club? —preguntó cansado, eso de ir a la universidad y después al trabajo lo deja agotado.

—Si, de hecho, voy tarde —digo viendo mi muñeca, él abre los ojos como plato al notar el reloj Rolex que Sam me regaló.

—Mis ojos están viendo bien, es un Rolex con incrustaciones de diamantes, bañado en oro, de edición limitada —Vicent hablado con admiración al tiempo que toma mi mano para verlo más de cerca —amigo ¿sabes cuánto cuesta este reloj?

—Si, tengo una idea —contesto con seguridad, hace no mucho tuve varios de estos, doy un pequeño jalón para que Vicent suelte mi mano.

—Oye yo también quiero una sugar Mommy, Sam no tiene una amiga que me presente —niego con la cabeza.

—Ya te he dicho que Sam no es ninguna sugar Mommy —respondo molesto —no estoy con ella por su dinero.

—Emilio te lo he dicho estás desaprovechando tú suerte —insiste Vincent —te aseguro que esa vieja te daría el departamento y todo el dinero que le pidieras.

—Sam, no es ninguna vieja —respondo empujando a Vincent —y tampoco soy un hombre que se venda.

—Entonces ¿Por qué sigues con ella? —cuestiona, no puedo evitar sonreír al recordar la forma que hacemos el amor —¡Oh por Dios! ¡Es por el sexo! —grita incrédulo dando un paso atrás —no puedo imaginar que una mujer madura pueda calentarte tanto.

—¿Por qué no? —replico molesto —Sam es hermosa, inteligente, y me provoca el deseo que ya no tenía, cuando estoy con ella me olvidó de todo —frunzo el ceño al escuchar la risa de Vicent —¿Qué te causa gracia?

—Amigo como hablas, creo que te has enamorado de Samantha —dice Vicent aun riendo, pero de inmediato niego con la cabeza.

—Tú mejor que nadie sabe que no puedo enamorarme —respondo apretando la quijada —esto va terminar, y cuando pase, yo seguiré mi camino, al igual que ella —no se porque sentí una punzada en mi pecho al decirlo.

Vicent sigue sin creerme.

—Emilio te mientes tú solo, este corazón ya ama a Samantha —palmea mi pecho a la altura de mi corazón —aunque no lo quieras ver, y espero que sea así, para que puedas ser feliz y dejes atrás el dolor que provoco Valentina.

Yo no digo nada, ni pienso aceptar lo que Vicent está insinuando, no puedo amar a Sam, mi corazón murió cuando Valentina me traiciono.

—No voy a seguir escuchando tonterías, me tengo que ir —corto la conversación, ya no quiero recordar a esa maldita.

En el camino no dejé de pensar en Sam, ni en las palabras de Vincent, y me niego a sentir algo por ella, no quiero volver a sufrir. Llegó al club, voy al camerino para cambiarme, estoy listo cuando tocan la puerta, por el espejo veo a Dan.

—Es tú turno —afirmó con la cabeza, respiro, tomo la máscara y la coloco en mi rostro. Escuchó cuando me anuncian y subo corriendo, mi cuerpo comienza a moverse al ritmo de la música, pero sin muchas ganas, mis manos se mueven mecánicamente por mi cuerpo, por encima del chaleco negro de cuero.

Tomo de la parte superior y de un tirón lo abro para dejar expuesto mi torso, con mi mano levantada juego con la prenda mientras mis caderas se mueven, mi otra mano se mueve por mi pecho, provocando más gritos.

Lo lanzó a las mujeres e inesperadamente cuando me giro me encuentro con la mirada de ella, y como arte de magia todas desaparecen, solo estamos ella y yo, le bailó.

Disimulo mi sonrisa, me imagino que bajo del escenario para ir con ella, tomar su mano y salir a nuestro lugar.

Le lanzo mis pantalones, ella sin apartar sus ojos de los míos los toma, los abraza a su pecho, ese simple gesto me provoca una corriente eléctrica que recorre mi cuerpo. El último compas de la música suena junto con los gritos de las mujeres que están locas por mí, pero ninguna es ella.

Al bajar del escenario me encuentro con Dan.

—Casanova tienes un privado —sé muy bien que Sam lo pidió, corro al camerino, para ponerme un cambio y salgo al privado, no quiero hacerla esperar.

En cuanto entro la veo sentada con una media sonrisa y mis pantalones en sus manos, es mucha la diferencia con la primera vez que la vi aquí.

—Usted pidió un privado

—Si Casanova —dice, se acerca y se aferra a mi cuerpo, como si buscara mi protección, la envuelvo con mis brazos, esa noche parecía especialmente vulnerable, a merced de un miedo que no quería decir.

—Quedamos de vernos en el departamento —murmuro, ella levanta su rostro, y veo un velo de tristeza, que no tenía en la mañana.

—Si, pero no pude esperar para verte, —responde apartando ese velo de sus ojos —quería abrazarte, sentirte…

—¿Qué tienes Sam? —pregunto acariciando su mejilla.

—Nada, ya te dije quería verte —se acerca a darme un beso, yo correspondo sin importar que en cualquier momento alguien pueda entrar —te necesito —suelta cuando termina el beso.

Miro de reojo la puerta y sin pensarlo pongo seguro, me excita tanto hacerlo ahí, sentir el peligro que nos descubran…

Tomo el rostro de Sam entre mis manos, la beso mientras me muevo al ritmo de la música, la guío hasta el sillón rojo terciopelo, con cuidado hago que caiga.

Dejo sus labios, y sigo un camino por su barbilla, la cual muerdo ligeramente, bajo por su cuello, mis dedos trabajan en su blusa blanca, desabotonan uno a uno, dejando al descubierto su cuerpo.

Cuando la dejo al descubierto para mí, mis labios siguen su camino que conocen, en medio de sus pechos, paso mi lengua, provocando un ligero gemido de Sam.

—Shhhh cariño —digo al levantar ligeramente la cabeza.

—Emilio aquí nos pueden…—protesta, pero yo pongo mi dedo sobre sus labios.

—No te excita que nos descubran —ella afirma con la cabeza —entonces déjame darte el placer que deseas.

Ella sonríe, chupa mi dedo con sus hermosos labios, contengo un gemido al verla, vuelvo a su cuerpo, bajando por su abdomen.

Mi mano sube su falda, ya puedo ver su humedad, me arrodilló, tomo sus pies y comienzo a besarlos, se que le encanta, poco a poco voy subiendo por sus pantorrillas, mientras una de mis manos acaricia su entrepierna, sin llegar a su intimidad, mis labios suben por sus rodillas, hasta llegar a sus hermosos muslos, me detengo dándole pequeños besos que la están enloqueciendo.

—Ya Emilio —suplica Sam, yo sonrió, retiró sus bragas, con mis dedos separó sus labios, hundí mi lengua en ella, siento como su mano se hunde en mi cabello, escuchó un nuevo gemido salir de su garganta, cuando levanto la cabeza para reprenderla, veo que ya están mordiendo su mano, mientras su pecho sube y baja, sonrió —Emilio —se lo que me está pidiendo, mis labios regresan a su lugar secreto.

Por algunos minutos saboreó esa parte, se que lo está disfrutando, se arquea, su mano se hunde más en mi cabello, no puede evitar soltar un gemido más fuerte cuando mis dientes rodean su clítoris, puedo sentir como está a punto de explotar de placer, sigo con mi lengua, hasta que el clímax llega, suelta un grito con mi nombre y termino saboreándola.

Su cuerpo tiembla, me siento con ella en el sillón, tomo sus bragas y las guardo en la bolsa de mi pantalón. La abrazó hasta que siento que ha pasado, beso su frente con ternura por primera vez.

—Vamos al departamento —susurro, ella afirma con la cabeza, sonrió y termino ayudando a arreglar su ropa.

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