PVO Emilio
Por la mañana desperté con un dolor de cabeza insoportable, pero no era nada comparado con el peso que oprimía mi pecho. La botella de tequila seguía en mi mano completamente vacía.
Él alcohol no había conseguido borrar nada, la mirada de Sam seguía clavada en mi memoria. No era la resaca lo que me estaba matando, sino la forma en que había bajado los ojos la noche anterior, convencida de que nunca había sido la mujer a la que yo amaba.
—Aquí tienes un café bien cargado y unas aspi