Cruzamos las puertas del hospital a toda prisa, todo se desvaneció en un borrón total. Las contracciones se acercaban cada vez más, y estoy casi segura de que el tiempo ya no existía. Solo dolor, respiración y Melor a mi lado. Su mano no se separaba de mi hombro, siempre ahí, apoyándome, mientras los médicos hacían su trabajo.
Decidimos mantener el sexo del bebé como una sorpresa, y aunque sé que amaré a este pequeño frijol pase lo que pase, la curiosidad me está matando.
Ni siquiera recuerdo h