Limpié la cocina mientras Maddie terminaba de comer, dejando el lugar presentable. Cuando Maddie terminó de comer, la ayudé a lavarse y a ponerse el pijama antes de que llegara Valentino. Sonó un timbre en la puerta justo cuando Maddie estaba lista para irse a la cama.
Ya era hora.
—¡Doctor V.! —gritó Maddie, con el rostro radiante de tanto entusiasmo que me preocupó que se pusiera demasiado nerviosa como para irse a la cama.
Una vez allí, me miré en el espejo de cuerpo entero, todavía apoyado