Maddie era mi despertador habitual, asegurándose de que durmiera no más tarde de las siete. A decir verdad, había peores maneras de levantarse por la mañana que con un niño adorable queriendo verte.
—Chico —gruñí, dándome la vuelta y mirando hacia la puerta—. ¿Qué te dije sobre gritar desde el otro lado de la casa?
Maddie apareció en mi puerta abierta segundos después, luciendo particularmente linda en su pijama violeta con estampado de unicornio, su cabello oscuro revuelto alrededor de su rost