Tracy
Me detengo un segundo antes de llegar a mi coche. Las llaves tintinean en mi mano, un sonido demasiado fuerte en el silencio de la mañana. El aire huele a polvo caliente y asfalto viejo.
Nada se mueve.
Aun así, la sensación persiste. Esa presión incómoda entre los omóplatos, como si una mirada invisible se hubiera posado allí y se negara a apartarse.
Respiro hondo. Exhalo despacio.
No empieces, Tracy. No todo es una amenaza.
Abro la puerta, dejo la mochila en el asiento del copiloto y me