Fue en la tercera semana de vigilancia cuando Somali cambió de estrategia. La vigilancia lejana, los silencios, los seguimientos a distancia ya no bastaban. Ronan no mostraba fisuras. Si había un defecto en su fachada, estaba bien escondido detrás de la cortesía, de esa compostura inquebrantable que desesperaba a cualquiera que intentara mirar más allá.
Así que decidió cambiar el ángulo. Acercarse no como una compañera o Luna del Clan, ni como una loba agradecida. Sino como alguien que buscaba