Detrás de la figura majestuosa y dorada de Dorian, emergió otra silueta, más delgada pero igual de imponente. Era Somali, en su forma de loba. Su pelaje, amarronada-rojiza, contrastaba con la luz áurea que parecía emanar de Dorian. A cada paso suyo, la tierra parecía estremecerse ligeramente, como si incluso la naturaleza reconociera su presencia.
Ronan sintió que el tiempo se detenía por un instante. Él sabía que Somali había comenzado a reconectar con su loba interior, ella misma se lo había c