Ronan no tenía otra opción. No había señales, ni encuentros pactados. Si quería advertirle a Nolan, debía ir en persona. Así que dejó el territorio sin mirar atrás, cruzando campos y bosques hasta alcanzar los límites del Clan enemigo. Su única guía era la urgencia. Esa sensación pesada en el pecho que le gritaba que no podía quedarse callado, que el silencio en ese momento era traición para su manada original.
Cuando finalmente llegó al territorio de Nolan, lo buscó sin descanso. Al hallarlo,