Después de asegurarse de que el mareo de Anna se debía al cansancio y a todas las emociones vividas, Mikhail, muy molesto, se dirigió a ver a su madre. Ella tenía muchas explicaciones que darle, y él no podía contenerse de exigírselas.
Ella tarde o temprano tendría que responderle todo lo que necesitaba escuchar de sus propios labios. Más que eso, Mikhail deseaba que reconociera todas las fechorías que había cometido. Pero cuando llegó a la mansión, Olga lo vio desde lejos y corrió a su encuent