Anna sonrió con los labios cerrados, mordiéndose la esquina de la boca. Sentía su respiración entrecortada por la expectación, y en su mente imaginaba mil escenarios posibles. No podía ver nada, pero escuchaba cada pequeño sonido, desde el crujir de la gravilla bajo las ruedas de la silla de Mikhail hasta el susurro del viento en el aire.
Mikhail la abrazó con más firmeza, levantándola de su regazo con una delicadeza reverente, como si estuviera sosteniendo lo más precioso en su vida.
—No te qu