Mikhail colgó el teléfono después de pedirle a Sergei una crema para quemaduras. La rabia aún burbujeaba bajo su piel, pero cuando vio a Anna sentada frente a su peinadora, peinándose tranquila, el enojo dio paso a una preocupación profunda. Condujo su silla hasta ella con la crema en la mano.
—Arderá un poco, pero te sentirá mejor, te lo prometo mi amor—dijo suavemente, mientras le aplicaba la crema con las yemas de sus dedos en la piel lastimada—. Tal vez deberíamos dejar los planes para otro