En su estado de ebriedad, Anna movió el rostro, y sus labios rozaron los de Mikhail. Por un segundo, ella abrió los ojos.
—Amo a Mikhail —murmuró, como si respondiera a la pregunta que él le había hecho. Sin embargo, fue solo casualidad, porque al instante después empezó a roncar como un camionero cansado, lo que hizo que Mikhail riera mientras le acomodaba unos mechones tras la oreja.
—Vale la pena el dolor si al final recibo recompensas como estas —murmuró, mirándola con amor.
Por su parte