Anna abrió los ojos lentamente, acariciándose la sien con suavidad, sintiendo los estragos de la resaca. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que había bebido tanto, como lo hizo anoche con Tatiana. No sabía cómo había llegado a la cama o siquiera cómo se había cambiado para dormir.
Incrédula, dejó que la realidad la golpeara: su enojo con Mikhail la había desestabilizado tanto que hasta se había olvidado de Lucas. Con el corazón acelerado, se sentó de golpe en la cama. Sus ojos recor