Mientras Sergei se desinfectaba la herida en la frente, en la privacidad de su habitación, Mikhail lo observaba desde atrás, con una sonrisa juguetona en los labios. La risa contenida de Mikhail llenaba el aire de una tensión que Sergei no pudo ignorar. Girándose bruscamente, lo fulminó con la mirada.
—Ahora pareces un hombre divertido —le reprochó Sergei con evidente sarcasmo.
Mikhail soltó una carcajada, sacudiendo la cabeza como si fuera un niño burlón.
—Es que te juro que nunca te había vis