Iván estaba absorto en el libreto que sostenía entre sus manos, inmerso en las líneas que debía memorizar. Cuando escuchó un golpe en la puerta, apenas levantó la vista.
Sin pensarlo, asumió que se trataba del servicio de habitación que había solicitado, y sin dejar de leer, se dirigió hacia la puerta.
Al abrir, se hizo a un lado, sin prestar atención a quien había tocado.
La reacción fue instantánea y brutal. Un puño impactó con fuerza en su estómago, robándole el aliento. Iván se dobló por el