Anna no podía apartar su mirada incrédula de Mikhail mientras una tormenta de pensamientos nublaba su mente.
«Fui tan predecible... era obvio que me encontraría tan rápido», pensó, sintiendo cómo la frustración se mezclaba con el miedo.
—Tatiana, ¿puedes llevarte a Lucas?— pidió, esforzándose por mantener una calma que sentía desmoronarse.
Lucas protestó, aferrándose a las piernas de su padre, pero Tatiana, con una mirada comprensiva, lo levantó en brazos.
Cuando se quedaron solos en la coci