Román se levantó bruscamente, mientras su sorpresa daba paso a la ira.
—¡No quiero deberle nada a ese infeliz! —exclamó, apretando los puños—. Lo está haciendo por orgullo, no porque realmente quiera salvar a nuestro padre. ¡No necesitamos su lástima!
Antes de que la situación pudiera empeorar, la prima de Mikhail, intervino, esbozando una sonrisa ladina.
—Román, no creo que Mikhail se molestaría tanto si fuera solo por orgullo —dijo suavemente—. Él es un buen hombre, aunque esté confundido. Qu