Habían transcurrido mes y medio, y la prima de Mikhail, no desistía en su empeño de acercarse a él. Siempre buscaba cualquier pretexto para visitarlo en el hospital, aunque Mikhail la rechazaba o simplemente ignoraba sus llamadas. Parecía que nada podía disuadirla.
Aquella mañana, Anna llegó al hospital con una sonrisa radiante, casi contagiosa. El ambiente alrededor de Mikhail había cambiado por completo, y sus esperanzas de que él pudiera finalmente operar a Lucas eran más fuertes que nunca.