El sonido más hermoso que Alexandra había escuchado en toda la semana no fue una melodía clásica, ni el trino de los pájaros al amanecer. Fue el clic metálico y sordo del reloj checador de la oficina de Mery Soluciones marcando las cinco en punto de la tarde de un viernes.
Su primera semana de trabajo había concluido.
Cuando la licenciada Carmen Vargas la llamó la mañana siguiente a la entrevista para confirmarle que el puesto era suyo, Alexandra sintió que el mundo entero se alineaba. Los días