Perspectiva: Alexandra
El olor a antiséptico y gasas esterilizadas dentro del área médica de nuestro Boeing 747 privado era tan denso que casi lograba enmascarar el hedor a pólvora y sangre seca que aún se aferraba a mi ropa.
Estaba de pie junto a la camilla de acero inoxidable. El avión ya había alcanzado su altitud de crucero, volando a través de una tormenta eléctrica sobre la costa este, rumbo a Maine. El zumbido de las turbinas era un ruido de fondo constante que me taladraba el cráneo.
Fr