30. CONTINUACIÓN
Celeste se quedó inmóvil por un instante, procesando mis palabras. Su mirada pasó de la humillación a un destello de ambición mal disimulada. Roger, por su parte, parecía ligeramente desconcertado por el giro inesperado de los acontecimientos. Mis padres intercambiaron miradas confusas, aliviados por lo que parecía una solución pacífica a la discordia familiar.
—Entendido, Celia —dijo Celeste finalmente, levantándose con una dignidad forzada—. Haré exactamente como pides.
—Perfecto —contesté c