Mundo de ficçãoIniciar sessãoCELIA:
Y sin más preámbulos, comenzó a recitar una plegaria en un idioma muy extraño. Mientras tanto, dejaba caer el agua roja con olor a azufre sobre nuestras frentes. Luego, con una lentitud exasperante, el doctor Rossi la ayudó a mojar todo mi cuerpo y los signos que Giovanni le había grabado a Diletta. Para nuestra sorpresa y alivio, los símbolos casi desaparecieron por completo.
—Por ahora está bien, las brujas no podrán olerlas ni a kilómetros —sentenció la abuela, dej






