233. CONTINUACIÓN
ALONSO:
Las palabras de Filipo resonaron como un trueno en el silencio. Los pobladores, acobardados, asintieron con la cabeza. No eran tontos, sabían que estaban a merced de nuestra familia. Habían sido rescatados, pero ahora eran nuestra propiedad.
—Dante, dile a los hombres que vigilen a todos mientras recogen los rubíes. Y que nadie se acerque al lago o intente escapar. No quiero sorpresas; si alguien lo intenta, disparen —ordené alto y firme para que me escucharan.
Dante asintió, su r