Mundo de ficçãoIniciar sessãoALONSO:
La abuela, en cambio, parecía resignada aunque miraba de soslayo a mi esposa Celia dormida y a mi cuñada Diletta. No podía hacer nada para alterar la situación, Fabrizio era el jefe y su palabra era ley, incluso para ella. Así que simplemente asintió y se retiró, seguida de cerca por mamá, quien depositó un beso en la frente de Celia antes de irse. Celia, por fin, había caído en un sueño p






