Mundo ficciónIniciar sesiónLUIGI:
Me detuve, congelado, al ver el miedo reflejado en el rostro de Lucero, mi hija. Las palabras se me habían escapado en un alarido, liberando un tormento oculto en mi pecho durante veintitrés largos años, años durante los cuales no logré comprender, ni acepto aún, la crueldad que Iselda ejerció sobre mí. Pero mi hija, inocente de los pecados de su madre, no tenía la culpa. Corrí hacia ella y la estr







