112. CONTINUACIÓN

 Se detuvo y me miró solo por un momento como si esperara mi rendición, mi aceptación a esa sentencia. Dije que si con mi cabeza y me dejé besar. Era suya, sabía que era su objeto de deseo que había danzado en los confines de sus sueños más audaces, ahora me tenía allí, palpable, real como el latido en su pecho.

—Está bien, soy tuya —dije viendo como sonreía. —Lo acepto, me comprast
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