La mañana del lunes llegó con una rapidez que me dejó sin aliento. Apenas había dormido, dando vueltas entre las sábanas mientras mi mente reproducía una y otra vez cada momento vivido con Nathaniel durante el fin de semana. Sus miradas, sus palabras, la forma en que sus dedos habían rozado mi piel como si quisiera memorizarla.
Me miré al espejo mientras me arreglaba para ir a la oficina. Había elegido un traje sastre color burdeos, ajustado pero elegante. Profesional, me repetí. Debía mantener