El espejo me devolvía una imagen que ya no reconocía. Mis ojos, antes seguros y determinados, ahora parecían dos pozos de confusión. Pasé los dedos por mi cuello, descendiendo hasta la clavícula, sintiendo cada centímetro de mi piel como un campo de batalla donde libraban guerra mi razón y mis deseos.
—Contrólate, Sophie —me susurré, apoyando las manos en el lavabo del baño de mi oficina.
Había pasado una semana desde aquel beso en el ascensor. Siete días exactos en los que había intentado evit