Te amo Kei. Nunca te dejaré.
El gemelo Lombardi por fin había dado con la jóven Ivanov, se acercó despacio hasta ella, no podía dejar de observar cada detalle. Podía ver qué tenía su bello rostro manchado de lágrimas. Eso no le gustó nada.
— Kei... Kei... Soy yo, Dominic, abre los ojos cariño... — El CEO pasaba una de sus manos por el rubio cabello de la chica.
Las pestañas de la rubia se movieron, despertó y lo vió, ahí estaba él, al pie de su cama.
— Dominic, ¿Qué haces aquí? ¿Quién te dejó entrar? No debiste ve