CAPÍTULO 47. Venosa, caliente y palpitante.
—¿Entonces dónde me llevarás? —preguntó seductora, y el chico tomó su mano y la llevó a un establo de madera maloliente con varios compartimentos para caballos. Se encontraban en uno de los compartimentos, un recinto cuadrangular con espacio para dos animales, con el suelo repleto de paja y olor a excrementos. Ella miró todo con asco y arrugó la cara como si fuera a escupir, pero se contuvo, no dijo nada porque no tenía otra opción: el muchacho era inexperto y no tenía nada mejor que ofrecerle.