CAPÍTULO 44. El robo perfecto.
—No sé, simplemente se fue y he tratado de contactarlo, pero no encontraba cómo hacerlo —Lucrecia no podía creer que Cristina la había salvado; estaba ahí porque creyó que sería culpada por ella y le ahorraría tiempo a Miguel en ir por ella, cuando igual no podrá librarse del castigo—. Pero de poco sirvió que ella quisiera protegerla, porque Miguel claramente sabía que Lucrecia era la única que podía ayudarla.
Con mirada amenazante, se acercó a Lucrecia y la tomó por el brazo, apretando con tod