CAPÍTULO 27. Esparciendo veneno.
Narrador:
Empacando sus cosas estaba Orlando, mientras Cristina lo observaba con el corazón cargado de odio por sentirse utilizada y engañada. Pensaba en una manera de hacerlo pagar, pero no sabía cómo. No se podía ir así, sin más. Ella se quedaría allí, pues no tenía ya un hogar al cual regresar. Sin embargo, no estaba dispuesta a perderlo todo y quedarse de brazos cruzados. Entonces optó por ir con Irina para empezar a esparcir su veneno.
—¿Esa cena es de la señora? —le preguntó a Lucrecia an