CAPÍTULO 26. ENAMORADOS.
Narrador
Cada vez que tragaba, sentía que miles de agujas bajaban por su garganta. Eso sentía Lucrecia mientras trataba de procesar rápido una excusa convincente para el esposo de su hija, quien se aclaró la garganta esperando una respuesta, haciéndola sentir más nerviosa.
—Emmm… señor, no quería decirle por qué sé que este vestido fue un regalo suyo, pero mi niña lo destrozó con una tijera, y lo que no pudo cortar lo hizo trizas con las manos. Por favor, mi patrón, no la culpe, que eso lo hace