Capítulo 14. Cueste lo que cueste.
Amy Espinoza.
—Ese coche es mío —alcancé a decir, sin aire—. Llevo años… Yo…
—Señora, baje del vehículo.
La palabra “señora” tuvo filo. Miré a Mía. Ella ya lloraba desesperada, mordiendo el labio como cuando se cae y finge que no duele.
—Tranquila, mi vida —mentí, porque ya no me quedaban verdades—. Todo va a estar bien.
No estaba bien. El segundo policía rodeó el coche. Y en la acera, como si la hubieran convocado con un silbato, empezó a llenarse de miradas: madres con termos de café, padres