Capítulo 15. Entre barrotes.
Amy Espinoza
El olor a humedad y café rancio me golpeó apenas crucé la puerta de la comisaría. El aire era espeso, cargado de sudor, papeles viejos y frustración. Mis pasos resonaban en el piso como martillazos de vergüenza, cada eco recordándome que no estaba allí como testigo, sino como delincuente.
El policía que me llevaba no dijo nada; me empujaba con un movimiento seco cada vez que mi cuerpo flaqueaba. Las esposas rozaban mis muñecas y me quemaban, pero no era el dolor físico lo que me ha