VICTORIA VALOIS
Maximilian estaba en el punto exacto donde lo quería: quebrado. El hombre que ayer caminaba con la barbilla en alto, desafiando al mundo con su intelecto, ahora era poco más que un náufrago aferrado a la única tabla que no lo había golpeado. Me encantaba ver esa vulnerabilidad en sus ojos; era un lienzo en blanco sobre el cual yo pintaría su nueva realidad.
Eran las ocho de la noche. Bajé al salón y le hice una señal a Marcus.
—Lleva esto a su habitación —dije, señalando un tra