VICTORIA VALOIS
Subí las escaleras de piedra desde el sótano sintiendo un hormigueo eléctrico en la piel. El sabor de Maximilian todavía estaba en mis labios, y la sensación de su fuerza contenida cuando me aferró por la cintura permanecía grabada en mi cuerpo. Había estado tan cerca de tenerlo por completo... pero la interrupción de Marcus, aunque molesta, era necesaria. En mi mundo, el deseo nunca puede nublar la vigilancia, y si el Fiscal Robert llamaba a esta hora de la tarde, era porque el incendio que Max inició ya estaba quemando las manos de nuestros enemigos.
Entré en mi despacho privado, una habitación revestida de cuero y madera oscura donde la luz del atardecer apenas se filtraba por las pesadas cortinas. Marcus me tendió el teléfono de satélite con su habitual gesto impasible.
—Robert está al borde de un ataque de nervios, señorita —murmuró Marcus antes de retirarse y cerrar la puerta con un clic seco.
Tomé el auricular y me acomodé tras mi escritorio, recuperando mi másc