La madrugada en la habitación del hotel era un campo de minas. Margaret se removía entre las sábanas, atrapada en una red de recuerdos que finalmente habían terminado de encajar. El sudor le perlaba la frente y un gemido ronco escapó de su garganta antes de despertar de golpe, con los ojos desorbitados y el corazón queriendo salirse del pecho.
—¡No! ¡Suéltame, Angus! —gritó, sentándose en la cama con una violencia que asustó a Ethan.
Ethan se incorporó de inmediato, encendiendo la lámpara. La lu