Al llegar a su apartamento, Alison comenzó a maquinar cómo podía hacer que Víctor fuera encontrado culpable.
—¡Tengo que hacer algo! —exclamó, apretando los puños—. Bajo ningún motivo, puedo mencionar el nombre de Angus. Por más que los abogados de Ethan me lo prometieron, sé que ellos no pueden contra él.
Se recostó sobre el sofá, buscando respuestas en el techo. Se dijo a sí misma:
—Si una vez pude hacer que me creyeran que fui abusada, esta vez volveré a hacerlo.
Alison agarró su celular y marcó el número de su hermano menor. Él sería su as bajo la manga.
—Hola —dijo, con voz apagada
—¡Caray! Que tú me llames es un verdadero milagro. Pero si lo haces, es porque necesitas algo. ¿Qué quieres? —preguntó Bruno.
—¿Cuánto quieres por clonar un número y un correo? —inquirió Alison, sin rodeos.
—No sabía que mi hermanita fuera tan maquiavélica —respondió Bruno, con un tono de sorpresa y diversión.
—No estoy para tus comentarios fuera de lugar. ¿Cuánto me costará tu ayuda? —insistió Alison,