Las horas pasaban lentamente para Víctor en aquella habitación del hospital. El zumbido constante de las máquinas a su alrededor y la mirada vigilante de los oficiales que lo custodiaban le recordaban, segundo a segundo, su nueva realidad. La confusión seguía reinando en su mente, espesa, sofocante.
—Tengo que salir de aquí —murmuró para sí mismo, cerrando los ojos con frustración.
Abrió los párpados y tragó saliva antes de hablar:
—Oficial, necesito hacer una llamada. Tengo derecho a un abogado