Con la llegada del amanecer, Duncan tomó una decisión que podría costarle el cariño de sus padres.
—¿Cariño? ¿Qué sucede? —preguntó su madre, notando la angustia en su rostro—. Sabes que puedes decirnos lo que sea. Estás aquí, y no te volveremos a fallar.
Duncan tomó aire, apretó los puños, cerró los ojos y reunió el valor necesario para confesarse.
—Mamá, papá, deben saber qué hace unos meses, busqué a Margaret porque le debía una gran cantidad de dinero. Si no pagaba, tanto ustedes como yo te