Los tacones de Eloise resonaban sobre el frío mármol, pero su respiración comenzaba a fallar.
Las lágrimas no dejaban de caer, arrastrando el maquillaje que se había puesto aquella mañana para ocultar el cansancio.
Las puertas del ascensor se abrieron.
En cuanto puso un pie en el vestíbulo…
todas las miradas se volvieron hacia ella.
Todas.
Al principio solo hubo silencio.
Después llegaron los susurros.
Afilados como cuchillas invisibles.
—Primero llegaba sola… y ahora baja llorando. —murmuró un