Thamires sostenía el teléfono móvil en una mano y una copa de vino en la otra.
—Buen trabajo. —Su voz sonó aterciopelada, pero fría.— El dinero ya está en tu cuenta, tal como acordamos.
Colgó sin esperar respuesta.
Una lenta sonrisa apareció en sus labios rojos mientras se recostaba en el sillón, todavía vestida únicamente con un conjunto de lencería negra de encaje.
El vino descendió suavemente por su garganta.
Pero el verdadero sabor era el de la victoria.
Giró el rostro hacia la cama.
Un hom