Eloise entró en un bar discreto, pidiendo una copa solo para distraer la mente. El suave jazz no lograba silenciar el recuerdo de las palabras de José Monteiro. Bebió demasiado rápido y, cuando el vaso ya estaba vacío, una voz resonó detrás de ella.
—Vaya, vaya… pero si es la famosa Eloise Nogueira.
Marcos Almeida tomó asiento a su lado sin pedir permiso. Lucía una sonrisa fácil y una mirada depredadora. Pidió un trago y se inclinó hacia ella, con la voz cargada de malicia.
—Siempre has sido he