Thiago comprendió de inmediato que algo grave estaba ocurriendo y llamó a Nathalia sin perder un segundo.
Le explicó que Augusto no sabía dónde estaba Eloise y le contó la situación que lo tenía tan inquieto.
Nathalia tomó el teléfono con el ceño fruncido y el corazón acelerado.
Marcó una vez.
Nada.
Dos veces.
Tres.
Al cuarto intento, por fin Eloise respondió.
—Nath… —su voz sonaba arrastrada, pastosa.— Estoy bien… solo estoy cansada… ese idiota… Marcos Almeida…
Nathalia se quedó helada al inst