Desde la distancia, Augusto la observaba.
El vestido rojo, ceñido a su cuerpo.
La espalda descubierta.
El perfume exagerado…
Ella caminaba por el salón como si el mundo entero fuera su escenario.
Por un instante, un recuerdo incómodo y amargo cruzó su mente.
¿Cómo había podido amar algún día a una mujer así?
Thamires Santana.
Una mujer que se exhibía sin el menor pudor.
Como si el brillo pudiera ocultar el vacío que llevaba dentro.
Thamires, por su parte, se deslizaba entre saludos y