Carla Martins no nació con ese apellido.
Lo heredó al casarse con el señor Martins, un hombre de patrimonio modesto, muy lejos de ser considerado rico.
Desde entonces, hubo algo que nunca cambió.
Su hambre de estatus.
Y fue precisamente esa ambición la que la llevó a ayudar a su propia hija a arrebatarle el prometido a su prima Eloise.
Aquella jugada le aseguró a la familia un vínculo directo con los Mello.
Lo que significaba más dinero.
Más influencia.
Y un apellido que, por fin, abrí