Mariana está sorprendida, la determinación de Damián la congela. No esperaba su visita, que la enfrentara de esa manera y menos que la despidiera.
—No… puedes despedirme.
—¡Quiero y puedo, Mariana! —le grita con dureza y luego la señala— ¡No te me vuelvas a acercar!
—¡No me hagas esto, Damián! No puedes echarme porque sí. Yo he sido buena empleada, yo… he sido tu sombra, mucho más que el estúpido de Miguel. Estoy segura de que es él quien tiene que ver en todo esto, yo no —dijo al borde de llora